El Solitario Chéjov por Pablo Sodor

HOME
Cap. I
Introducción
Cap. II
Taganrog
Cap. III
Moscú
Cap. IV
Melikhovo - Yalta
Cap. V
¿Cómo era Anton?
Cap. VI
El Escritor
Cap. VII
El Amor
Cap. VIII
El Final
Cap. IX
Sus Obras

Links anexos

.

Isaac Levitan

.

Los 3 Zares

.

Olga Chejova
(sobrina de Chejov)
"Ningún otro escritor ruso, excepto Pushkin y Tolstói, ha sido llorado con tanta congoja y dolor como lo ha sido Антон Павлович Чехов (Chéjov). Fue no sólo un escritor genial, sino además una persona muy querida. El sabía por donde pasaba el camino hacia la grandeza del alma, hacia la dignidad y la felicidad del hombre, y supo dejarnos todas las señales de ese camino”. Konstantin Paustovski

 

Desde la Agenda de Chéjov:
Describo la vida tal cual existe en las provincias; la conozco muy bien. Los mercaderes tipo Jrimin existen de verdad. Sólo que en la realidad son peores. A partir de los ocho años sus hijos comienzan a beber vodka y desde la más temprana edad se entregan al libertinaje. Ya han contagiado de sífilis a toda la comarca. En mi relato no toco este tema, pues considero que hablar de ello no es artísticamente literario.
No confundir resolución del problema con planteo justo, que éste último es el único válido y obligatorio para el artista.
La felicidad no existe. Lo único que existe es el deseo de ser feliz. Dios mío, no permitas que juzgue o hable de lo que no conozco y no comprendo.
Lo he visto todo. No obstante, ahora no se trata de lo que he visto sino de cómo lo he visto.
Es extraño: ahora tengo la manía de la brevedad: nada de lo que leo, mío o ajeno, me parece lo bastante breve. La brevedad es hermana del talento.
Es difícil unir las ganas de vivir con las de escribir. No dejes correr tu pluma cuando tu cabeza está cansada.
Nunca se debe mentir. El arte tiene esta grandeza particular: no tolera la mentira. Se puede mentir en el amor, en la política, en la medicina, se puede engañar a la gente e incluso a Dios, pero en el arte no se puede mentir.
Escribir para los críticos tiene tanto sentido como darle a oler flores a una persona resfriada. Los críticos son como el tábano que no deja trabajar a los caballos.
No seamos charlatanes y digamos con franqueza que en este mundo no se entiende nada. Sólo los charlatanes y los imbéciles creen comprenderlo todo. Los hombres inteligentes quieren aprender; los demás, enseñar.
Por el constante miedo a escribir superficialidades, caigo en el extremo.

...era un escritor único, narrador de la vida, y el mérito de su obra consiste en que es comprensible y entrañable, no sólo para cada ruso, sino para cualquier persona en general... Era muy sincero, lo cual es una gran virtud, escribía lo que veía, y cómo lo veía... Su lenguaje es un lenguaje insólito. Chéjov ha creado nuevas formas de escritura y, modestia aparte, confirmo que en técnica, Chéjov me ha superado...”  León Tolstoi (Lev Nikoláyevich Tolstói, 1828/1910)

Los Autores Rusos y aquellas confusiones en la Argentina de los '70
En los años '70, era común que los profesores nos indujeran a leer -entre otros libros- a los autores rusos: Tolstoi, Dostoevsky, Chéjov, Gorki, Pasternak, Trotski, Gógol, Stalin, etc. Por ese entonces, yo era muy joven, sin ideología definida y apenas llevaba meses en la politizada Universidad de Buenos Aires.

Los leía fascinado, pero mi paranoia era tal, que cuando terminaba de hacerlo, los escondía en el fondo de mi biblioteca. Es que en aquella época, muchos creían que cualquier libro -hasta un tratado de botánica- si llevaba la firma de un ruso, era peligroso y quizás subversivo.
Una mañana me despertó una noticia escalofriante. Esa madrugada, un gran operativo militar había irrumpido en la casa de un amigo. Después de dar vuelta todo, romper placares, chequear su biblioteca y aterrorizar a la familia con sus gritos, golpes e itakas, se llevaron a dos de sus cinco hermanos. La mayor y el menor de 16 años. Que locura, por Dios!!!
Recuerdo muy bien el pánico que me envolvió.  Imaginé lo peor. Junte coraje y rápidamente fui a la biblioteca a buscar a los culpables de mi miedo: los libros rusos. Con alcohol, fósforos y ellos apretujados, me fui al baño. Como poseído en ritual pagano y culposo, los fui quemando en la bañera uno a uno. Mientras Trotsky ardían en la hoguera,  Dovstoiesqui esperaba tembloroso su turno en mis manos. La misma escena se repitió con todos ellos. Pero a uno me costo quemar mas que a los otros: Chéjov, con su Jardín de los Cerezos, La Isla Sajalin y Tío Vania.
Sin juicio previo, todos los autores rusos que se alojaban en la biblioteca, habían sido condenados injustamente por las mismas razones: miedo y  confusión.
Pasaron muchos años desde entonces, pero no los suficientes como para olvidar esos tiempos... tiempos de censura.
Por suerte, hoy es grato observar que todo cambió y los actuales estudiantes se educan en libertad y pueden leer lo que se les antoje, sumado a que con las nuevas tecnologías tienen acceso a cuanta literatura o imagen busquen en Internet.
Con este trabajo sobre Chéjov, rindo un homenaje a esos autores rusos cuyos libros una vez -por miedo y confusión- destruí.
Pablo Sodor
(Argentina, 1998)

Capitulo I - Introducción >>>

Todas las obras originales de Antón Chéjov se encuentran en dominio público.  Esto es aplicable en todo el mundo debido a que falleció hace más de 100 años.
WebMaster: Arte-Acción 1998 - Date Created: 15 Nov 1998 - Last Modified: 10 July 2004